Insensibilidad Social

Lunes 27 de enero de 2014. Hace un poco más de dos semanas me dirigí al Sistema integral de movilidad (SIM) para renovar mi licencia de conducción. El SIM tiene varias locaciones. Yo, por motivos de proximidad, fui al que está ubicado en el terminal de transportes (a 7 minutos caminando desde mi casa). El terminal de transporte de Bogotá es un sitio muy particular. Allí la diversidad sobreabunda. Gente de diferentes regiones y ciudades del país que viene a Bogotá por vía terrestre, pasa por ahí. Generalmente, las personas que vienen en bus a Bogotá, lo hacen por diferentes razones; puede que no tengan suficientes recursos para pagar un vuelo nacional, de pronto, el sitio de partida no posee un aeropuerto, los viajeros pueden experimentar dolor en los oídos causado por la presión, o simplemente, prefieren disfrutar el paisaje a pesar del estado de algunas vías colombianas. El caso es que, si alguna vez el lector desea expandir su círculo social más allá de los rolos, el terminal de transportes es el lugar indicado.

Como venía diciendo, hace dos semanas estuve en el SIM. El SIM no tiene más de 50 metros cuadrados y cada día recibe más personas de las que el lugar está diseñado para atender. Fui al punto de información y le solicité a la señora que me atendió que necesitaba renovar mi pase, ya que lo saque cuando tenía 16, hace 4 años.

No quiero aburrir al lector entrando en detalles, así que seré conciso. Después de inscribirme al sistema de nuevo, me dijeron que volviera en 10 días hábiles (así es, el sistema que poseemos se toma su tiempo). Dos semanas después, dejando pasar unos días para no perder mi visita volví. Aún no aparecía en el sistema. “Vuelva en 3 días que, seguro para entonces, su nombre aparecerá en el sistema”.

Lunes en la mañana me presento por tercera vez para renovar mi pase. Por fin! Mi nombre apreció en el sistema. “Tome su turno y espere a que lo llamen”, me indicó la anfitriona (al menos,eso es lo que decía el pin que llevaba colgado en su chaleco amarillo orgullosamente).

Llaman mi nombre. Módulo 12. Después de tomar mis datos por enésima vez, me piden que cancele el modesto monto de 200 mil pesitos (por pase de moto y de carro). Una vez cancelados los 200 mil, me dirigió de nuevo al módulo 12 para que me tomen la foto. Después de posar para la cámara me advierten que la licencia estará lista en 40 minuticos.

Me hubiera gustado traer un libro para hacer mi tiempo más ameno. La verdad no pensé que ese sencillo trámite durara tanto. Mientras esperaba y miraba la hora en el celular, empece a escuchar sonidos peculiares. Pihhh! Pahh! Mmmm! Miro hacia la puerta y un señor de 67 años, aproximadamente, entra con un joven de 1.80 de estatura, no más de 20 años, agarrado del brazo del señor, quien supongo debe ser el padre.

No me tomó más de dos minutos para darme cuenta que era un joven autista. No dejaba de mover sus manos, en especial, sus dedos. Como sí tuviera una moneda entre ellos, pero en realidad, no tenía nada. Mientras seguía haciendo ruidos, se golpeaba el pecho, movía sus manos rápidamente. Con una de ellas se rascaba sus partes íntimas, luego las subía a la altura de la nariz para apreciar ese olor.

No es de extrañar que todas las personas que se encontraban en el SIM, lo miraban como un bicho raro; algunas, por precaución, se alejaban. Incluso un señor que estaba sentado detrás mío le pregunta a su acompañante “has visto la película del niño autista?”, (esto sucede mientras el padre y el joven pasan a su lado). “La del niño que ve muertos?”, preguntó su acompañante. “No, esa no. Es un niño cuyo cerebro no se desarrolló, es diferente”.

Lo único que yo podía pensar era en el padre, que evidentemente, escuchaba la conversación. No por opción, sino porque la pareja hablaba tan duro como sí vendieran chicles en el centro.

El joven seguía haciendo ruidos. Su padre lo mira y le dice, de forma seca, “cállese ya!” La vergüenza del padre era notoria.

“Señor Lucas, su licencia esta lista.” Recibí mi licencia y abandoné el lugar. El joven y, sobretodo, la actitud de las personas alrededor, seguían rondando en mi mente.

Necesitamos urgentemente educación acerca de estos casos, sensibilización.  La gente debe entender que estas personas son seres humanos. Diferentes, pero eso no los hace menos. Es necesario educarnos para que, en lugar de hablar de ellos, hablemos con ellos. Los apoyemos y los incluyamos como a cualquier otra persona.

En cuanto a los padres de personas con autismo y discapacidades cognitivas, también necesitan educación especial. Yo, por ejemplo,  no sabría como educar a un niño en estas condiciones. Estoy seguro que habrán personas que se identifiquen con este texto y estén necesitando ayuda. Habrá otras que también se identifican y, con amor, pueden ayudar.

Ayudémonos mutuamente y crezcamos como sociedad, no solamente como individuos.

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One thought on “Insensibilidad Social

  1. Tienes toda la razón, yo por ejemplo tengo un amigo que tiene un problema psicomotriz y es una persona magnifica. cuando eramos muy jóvenes a el lo rechazaban nuestros compañeros de colegio y yo era la única persona que hablaba con el y lo ayudaba; Después en el colegio le explicaron a todos que el tenia un problema y por fin le empezaron a hablar, pero como yo era la única persona que le hablaba en un principio por que no pensaba que el era diferente; el solo me hablaba a mi inclusive después de la explicación del rector ante el problema. y ahora entiendo que si en un principio todos le hubieran hablado el seria más social; y se adaptaría mejor. Aun así mi amigo Santiago es muy inteligente y quiere estudiar Música en la universidad los andes.

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